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  Lunes, 01 Octubre 07  

La fusión de la economía y el arte

Economista, filósofo y artista, Miguel López-Remiro, de 29 años, es el subdirector del Museo Guggenheim de Bilbao, un puesto que debe a su constancia y a grandes dosis de curiosidad.

Texto y Foto: Montse Mateos / Expansión y Empleo

Foto de Miguel López-RemiroMantener una conversación con Miguel López-Remiro es como abrir un libro de arte. Casado y con dos hijas, a sus veintinueve años es el subdirector del Museo Guggenheim de Bilbao, con lo que ha cumplido uno de sus anhelos: ejercer una actividad que le permite estar en contacto con la economía y el arte, disciplinas a las que ha dedicado toda su vida. Confiesa con orgullo que no esperaba conseguir este puesto y que si lo ha hecho ha sido a fuerza de constancia. “Estar aquí significa mucho, la museología siempre ha sido mi horizonte. Me permite tener una visión global del arte con flexibilidad para seguir investigando”.

Nacido en Pamplona en 1977, es licenciado en Economía y doctor en Filosofía, Estética y Teoría de las Artes por la Universidad de Navarra. Reconoce que su interés por el mundo del arte se lo debe a la educación recibida, a la afición y a sus progenitores, que siempre han tenido gusto artístico. “Mi padre, que es médico, siempre nos ha llevado a exposiciones”. Aún recuerda cuando siendo un niño mostró por primera vez sus pinturas a su familia, “quería enseñar mi obra, supongo que este hecho marcó un punto de inflexión en mi trayectoria como pintor”.

Entre las ciencias y el arte

Explica López-Remiro que no sería hasta la universidad cuando sus inquietudes empezaron a ver la luz. “Estudiaba Economía y un diploma en estudios filosóficos que ofrece la Universidad de Navarra. Lo compaginaba con la pintura. En una de mis exposiciones, contacté con María Antonia Labrada, entonces directora de la Cátedra Félix Huarte de Estética y Arte Contemporáneo, y también profesora titular de Estética en la Universidad. Me invitó a participar en el programa de doctorado, y en concreto, a través de una beca para estudios doctorales en filosofía que ofrecía la Cátedra. Ella misma fue mi directora de tesis y la vía de acceso al terreno artístico desde un punto de vista profesional”.

En el año 1999 se licenció y comenzó su doctorado, lo que marcaría las pautas de una labor de investigación que aún no ha terminado. El objeto de su estudio sería el pintor Mark Rothko, exponente del expresionismo abstracto norteamericano. Durante estos años, compaginaba sus estudios con labores de ayudante en la Cátedra, “creía que era interesante poder participar en parte de la gestión, aunque como becario, no lo destacaría como una tarea profesional. La formación era lo esencial y la labor fundamental investigar”, asegura.

De América al Guggenheim

El último año de la beca, el más fructífero según López-Remiro, tenía como destino Estados Unidos, en concreto San Diego, una de las sedes de la Universidad de California, a la que acudió recién casado. Estaba en el departamento de Visual Arts y el profesor Sheldon Nodelman era el encargado de supervisar su trabajo.

Contaba con ayuda económica para los estudios, pero decidió armonizar su investigación con la docencia ejerciendo como ayudante de profesor de la asignatura Estructura del Arte. “Había una clase magistral una vez por semana del titular de la asignatura. Yo era el encargado de desarrollar las clases de apoyo”.

Sin embargo, Rothko llenaba gran parte de su jornada. Acudió a Nueva York, Los Ángeles, Washington, Chicago y recopiló material del pintor expresionista, la mayoría inédito, “algo que nos parecía increíble tanto a mí como a mi tutor americano”. Reunió cien escritos del pintor de entre 1934 y 1969, con lo que completó su tesis y elaboró una antología de textos. Era la primera, cuyos derechos mundiales compartió con la familia Rothko y la editorial Flammarion, que publicó su trabajo en 2005, dos años después de que leyera su tesis en la Universidad de Navarra con sobresaliente cum laude. “Nunca he sido un estudiante de matrícula, pero me impliqué mucho en la investigación y supongo que eso me ayudó”, afirma.

Un esfuerzo que se ha reflejado en el ámbito científico -este año la Yale University Press y Donzelli han publicado su antología de Rothko, y próximamente Paidós lo hará en castellano- y también en el profesional. Tras dos años en un colegio donde impartía clases de arte y economía y era adjunto a la dirección, vio en prensa la vacante del puesto de subdirector en el Guggenheim. Presentó su candidatura y consiguió el empleo. Se siente muy orgulloso de ello, pero lo cuenta con una humildad pasmosa, como un acontecimiento más que se adivina en una vida ordenada, en la que no da importancia a sus logros. Su reto, como cuando era un niño, es seguir pintando sin abandonar su trabajo entre el arte y la gestión.

Algo personal

Un consejo: “Cualquiera de mi padre”.
Una manía: “El orden”.
Algo que haya aprendido: “El valor de la constancia”.
Capacidades para emprender: “Conocimiento y creatividad”.
La mejor decisión: “Investigar en Estados Unidos”.
Qué quiere ser de mayor: “Buena persona”.
Un reto: “Seguir pintando”.
Su referente: “Mi familia”.


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