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  Lunes, 22 Diciembre 08  

Manteniendo la perspectiva

Cuando preparamos una acción formativa, tanto en lo que se refiere a contenidos como a estructura, dinámicas, materiales y demás, es posible que los árboles se hagan tan tupidos que terminemos por perder de vista el bosque. Cuidando las partes al detalle no es difícil caer en el error de convertir los medios en fines, y transformar un curso que debe servir para desarrollar unas habilidades en un montón de imágenes, ejercicios, debates y chascarrillos prácticamente independientes entre si.

Siempre que me enfrento a la tarea de planificar procuro recordarme constantemente cual es el objetivo fundamental que persigo. Demasiadas veces nos encontramos, como alumnos, con formadores competentes que nos hacen pasar un buen rato y nos transmiten conceptos interesantes, pero que mezclan contenidos, adaptan malamente actividades o recursos que sólo tocan el tema de interés tangencialmente (recordemos que tirar de lo conocido no tiene por qué ser malo, pero tiene sus riesgos) y, en definitiva, olvidan para qué están ahí.

Cada vez que definamos cómo vamos a plantear una formación y qué recursos vamos a poner en juego, no podemos dejar de preguntarnos si realmente ayudan a avanzar hacia los objetivos de aprendizaje que tenemos fijados. No utilicemos una dinámica divertida para rellenar simplemente porque llevamos demasiado tiempo hablando: ajustemos sus características a alguno de los conceptos clave que queremos transmitir. Y ante la duda de si realmente aporta algo, desechémosla en favor de otra más apropiada: nuestros alumnos no son tontos, y se darán perfecta cuenta del apaño que estamos haciendo, aunque tengan la amabilidad de no mostrarlo.

Fuente: deformadores.blogspot.com


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